Día del constructor: “Cirujano” de los buldózeres

Por Julio César Cuba Labaut
Foto: Leonel Escalona F.
enrique_bueno_3024288Enrique Bueno Baró, a quien seguramente muy pocos conocen, es uno de esos guantanameros que cuando se enamoran no tienen tiempo para mirar deportes, ayudar en los quehaceres domésticos…, se “engancha” de tal manera que hasta la compañera de la vida entra en celos y se encoleriza.
Y no deja de tener razón ella, porque lo de su marido rebasa lo admisible. “Ha dedicado la mayor parte de sus 35 años de trabajo a “convivir” con los buldózeres, especialmente los T-100, de los cuales ha sido operador, mecánico, innovador…,
Con Bueno conversamos mientras se empeñaba en una de sus habituales faenas al lado de su pesado aparato: “Es como si fuera hermano gemelo conmigo: se rompe y no trabajo, me enfermo y no camina, dependemos uno del otro”, dice quien para buscar el sustento familiar echa pie en tierra y lo mantiene de alta.
“No es fácil conservar “vivo” un lo que debía ser un “cadáver” hace mucho tiempo”, dice jocosamente refiriéndose al suyo. Para eso hay que sentir amor de verdad”, confiesa el habilidoso “cirujano” de los buldózeres.
Pero a este desafiante hombre, de baja estatura y enorme corazón, lo habíamos visto mientras removía tierra en las inmediaciones de la Plaza de la Revolución Mariana Grajales, que quedó como nueva para saludar el Día de la Rebeldía Nacional, de cuyas actividades centrales Guantánamo fue sede el pasado 26 de Julio.
“Con mi buldózer, estoy donde seamos necesarios y útiles, cuando se rompe yo mismo lo reparo, aunque tenga que inventar las piezas de repuesto. No importa que sea viejo, hace lo mismo y más que muchos nuevos que ya no funcionan”, asegura.
Refiriéndose a los T 100, cuentan que entraron a Cuba en 1961, después del ataque a Playa Girón: “Dicen que los norteamericanos se los compraron a la Unión Soviética y los cambiaron por mercenarios que los cubanos les hicieron prisioneros durante la invasión. Como quiera salimos ganando, porque han pasado 51 años y este todavía está dando de qué hablar”, comenta con orgullo.
“El primero que tuve, otro T 100, pertenecía a la Empresa Forestal. Me lo dieron viejo y roto, lo eché a andar y trabajé 27 años con él, acopiando madera en lugares que metían miedo, haciendo viveros, trochas cortafuegos…, cuando me fui lo dejé funcionando y en menos de 15 días le dieron de baja.
Luego de aquella experiencia, comenzó a operar el que tiene hace ya varios años en la Empresa Provincial de Construcción y Mantenimiento, unificada ahora con la de Conservación de la Vivienda, donde tampoco las labores son fáciles.
“Es el único de este tipo que “respira” en la provincia y posiblemente en Cuba. No es fácil mantenerlo, pues hay que inventar las piezas en los tornos, adaptar las de otros equipos, como las esteras por ejemplo…, pero se logra con un poco de empeño y a medida que lo vas conociendo.
“Tan es así que yo sé cuando este se va a romper por el ruido”, comenta el incansable hombre, a sus 64 años de edad.
A esa edad, Bueno, que no lo es sólo de apellido, también da de que hablar y confiera que sólo va a retirarse cuando ya no tenga fuerzas para reparar y maniobrar su adorado buldózer.
Hombres destacados como él merecen el reconocimiento y la admiración de su pueblo en fecha tan significativa como el Día del Constructor.

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Acerca de juliocuba

Periodista, amante de su Patria
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