Operación Tributo: La libertad tiene su precio

A propósito del aniversario 23 de la Operación Tributo, se narra la historia de uno de los cubanos que ofrendaron sus vidas en Angola

Texto y foto: Julio César Cuba Labaut

2La estancia del joven capitán Luis Alberto Cuba Labaut en la hermana república popular de Angola fue muy efímera.

Oficial de la entonces división de Mangos de Baraguá, ubicada en la provincia de Santiago de Cuba llega a aquel país a finales de 1986, integrando el refuerzo enviado desde la Mayor de las Antillas, cuando la última ofensiva cubano-angolana en Cuito Cuanavale y en la frontera con Namibia.

Los 42 días que permaneció en el país africano, ya que una mina enemiga cegó su vida, con apenas 30 años de edad, fueron suficientes para narrar en cartas muchas de las vicisitudes a las que impone una guerra.

En ese corto período, menos de dos meses, tuvo tiempo de enviar cinco a su familia, de la que no recibió ninguna, pues en condiciones de caravana era muy difícil mantener correspondencia con el exterior.

Su última misiva, fechada el 5 de enero de 1987, pareciera un resumen de los difíciles momentos vividos en aquella nación y una despedida adelantada a la muerte que la veía ya muy próxima.

“Llegué a Luanda bajo un torrencial aguacero, a las 7:30 de la mañana, del primero de diciembre, pues había salido el día anterior a las 12:30 de la tarde, de Holguín, donde nos despidió el Jefe del Ejército Oriental”, cuenta en su carta.

Dice que inmediatamente los trasladaron para La muñeca, una unidad de tránsito, en la que permanecieron solo dos días, y que al tercero partieron cinco compañeros hacia Benguela para recibir la técnica de combate.

“El primer barco arribó el 12 y el 23 terminamos de descargar el último. Apenas podíamos dormir pues había que trabajar las 24 horas. Fueron días como los nunca vividos: difíciles y de mucha tensión”, relata.

“El 25 salimos para Caconda, un lugar distante 400 kilómetros de Benguela, en la provincia de Uila, en una caravana inolvidable, cuyo destino final era Cuito Cuanavale. Incesante lluvia, camino inaccesible debido al fango y peligro por las minas y las emboscadas, caracterizaban el triste panorama”, describe.

En esas condiciones nos sorprende el 31 de diciembre; ese momento de incomparable alegría para los cubanos por la celebración del fin de año y el aniversario del Triunfo de la Revolución, se tornó amargo y muy peligroso:

“Pasábamos frente a un Gimbo, cuando el carro taller en que andábamos los mecánicos y yo se atascó, quedó hundido hasta la mitad y mientras intentábamos sacarlos los FAPLA formaron una balacera que lo estremeció todo, aquello fue tremendo, rememora.

A las 12:15 de la madrugada del primero de enero, todavía debajo del aguacero, pude dedicar un instante a pensar en Cuba y todos ustedes. Sin que nadie se percatara se me salieron las lágrimas de tristeza al sentirme lejos y en condiciones tan difíciles:

“Me acordé de los viejos, de mis hijos, demás hermanos y seres queridos, así como de los buenos tiempos vividos en la Isla, creo que lo mismo nos pasó a los siete, pero el momento de flaqueza terminó, había que seguir para adelante”.

Recuerda que a duras penas, maldiciendo cuanto se imponía, lograron sacar el carro del fango y trasladarlo hacia Caluquembe, todavía mojados hasta los tuétanos y muy hambrientos.

“Ahora celebramos el triunfo y compartimos unos tragos, pero con mucho cuidado, porque vinimos a liberar a Angola y regresar victoriosos, no para quedarnos”.

“Cuídense y cuiden y eduquen bien a mi niña, díganle que su padre la quiere mucho; escríbanme y envíen recortes de periódicos sobre pelota, sé que Santiago será campeón, ahora marca buena ventaja en la zona oriental. Sólo me resta desearles a todos mucha salud”.

Seis días después de escribir esta carta Luis Alberto muere; el golpe a la BTR en que viaja provocado por la honda expansiva lo mata de manera instantánea, pero su cuerpo queda intacto, aseguran los compatriotas que lo acompañaban en la importante misión.

Como este valeroso capitán perecieron otros combatientes cubanos, quienes protegían al pueblo angolano de los ataques de las tropas racistas surafricanas, que en complicidad con el gobierno de los Estados Unidos, sembraron millones de minas, arrasaron aldeas completas y asesinaron a medio millón de hombres, mujeres y niños de ese humilde país.

Pero la sangre de los cubanos no se derramó en vano, víctima de Apartheid, y cumplieron además el compromiso de la Patria y la Humanidad de enaltecer los principios del internacionalismo y la solidaridad sincera y desinteresada, valores muy recabados en el mundo de hoy, de los cuales Cuba exhibe incontables y brillantes páginas.

Los padres, familiares y amistades de Luis Alberto sienten dolor por haberlo perdido, pero al mismo tiempo admiran su valentía y la de todos los cubanos que ofrendaron sus vidas en muchos países del mundo defendiendo causas justas, igual que los que hoy salvan a millones de personas en muchas partes del planeta.

Anuncios

Acerca de juliocuba

Periodista, amante de su Patria
Esta entrada fue publicada en Sociedad y etiquetada , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s