El salto de los campesinos a la eficiencia

Por Julio César Cuba Labaut
Los campesinos cubanos son fruto de la obra justa de la Revolución, que bajo la dirección del Líder Fidel Castro Ruz, triunfó el primero de enero de 1959. Hasta esa fecha la situación de ellos y de los obreros agrícolas era pésima, y por supuesto los resultados de esta.
La humillante y triste realidad que tuvieron que vivir, la reflejó un censo realizado por la Agrupación Católica Universitaria en el año 1957, cuyos resultados publicó más tarde la entonces Revista Carteles.
Esa asociación dio cuenta de que el obrero agrícola cubano no disponía, como promedio, de 25 centavos diarios para comer, vestir y calzar y que el 60 por ciento de ellos vivía en bohíos de techo de guano y de piso de tierra, sin servicio o letrina sanitaria, ni agua corriente, y que el 44 por ciento de ellos no pudo asistir jamás a una escuela.
campesinos_antes_triunfo_3024288La revista consignó además que el 88 por ciento de esos bohíos podían encender el quinqué sólo cuando se disponía de luz brillante, que no tenían electricidad, y solamente el 3 por ciento de los hogares rurales cubanos disponía de refrigerador o nevera.
Reveló también que el alimento fundamental de esas familias era a base de arroz, frijoles y viandas. Solamente un 4 por ciento comía carne; un 2 huevos; y un 11 tomaba leche.
A la desnutrición, la ignorancia y la insalubridad habría que añadir la enfermedad y el parasitismo. Por ejemplo, la citada encuesta probó que el 14 por ciento de los obreros agrícolas del país padeció de tuberculosis y el 13 sufrió la tifoidea.
Para que se tenga una idea del ultraje a que estaban sometidas las personas que vivían en el campo, hay que señalar que en 1953 el 25,11 por ciento de los trabajadores rurales tenía empleo durante un semestre y el 52,36 podía laborar sólo cuatro meses.
A inicios de 1959, solamente 13 monopolios azucareros norteamericanos tenían más tierra que 111 mil 278 fincas de productores cubanos, en tanto 101 mil 824 campesinos no eran propietarios de las tierras que trabajaban, sufrían desalojos y no contaban con los mínimos derechos a la educación, salud y otros beneficios. El 25 por ciento de las mejores tierras y el 50 de las cultivables, estaban en manos de compañías extranjeras, principalmente de los Estados Unidos.
fidel_reforma_agraria_30242Pero llegó el primero de enero de ese propio año el Comandante en Jefe llegó y mandó a parar. En el manifiesto La Historia me absolverá, Fidel Castro Ruz describió el bochornoso panorama en que se sumía la agricultura cubana en aquella época, cuando dice:
“… quinientos mil obreros del campo que habitan en bohíos miserables, que trabajan cuatro meses al año y pasan hambre el resto compartiendo con sus hijos la miseria, que no tienen una pulgada de tierra para sembrar y cuya existencia debiera mover más a compasión si no hubiera tantos corazones de piedra…” y “… cien mil agricultores pequeños, que viven y mueren trabajando una tierra que no es suya, contemplándola siempre tristemente como Moisés a la tierra prometida, para morirse sin llegar a poseerla, que tienen que pagar por sus parcelas como siervos feudales una parte de sus productos, que no pueden amarla, ni mejorarla, ni embellecerla, plantar un cedro o un naranjo porque ignoran el día que vendrá un alguacil con la guardia rural a decirles que tienen que irse…”
Por eso cuando triunfó la Revolución una de las medidas inmediatas aplicadas por el Gobierno fue la aprobación de la Primera Ley de Reforma Agraria, firmada el 17 de mayo de 1959, en La Plata, Sierra Maestra, que convirtió en propietarios de sus tierras a los campesinos que la trabajaban en el momento de su promulgación, transformó en granjas estatales grandes latifundios improductivos y prohibió el desalojo.
Más eso no bastó a la dirección del país que siempre a buscado favorecer a los campesinos y sacarle los mayores beneficios posibles a la tierra, para satisfacer las necesidades alimenticias de la población. Y a ello respondió la decisión de dictar la Segunda Ley de Reforma Agraria, el 3 de octubre de 1963, que fijó a la propiedad agrícola en un límite de 67,1 hectáreas, y las tierras afectadas por la nueva legislación pasaron a formar parte del patrimonio estatal. Esta ley cumplimentó uno de los más importantes objetivos del programa del Moncada, al eliminar definitivamente el latifundio.
La prueba más fehaciente de los progresistas objetivos de la Revolución son las medidas aprobadas a partir de la implementación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido, como el Decreto Ley 300, que establece la entrega de tierras estatales ociosas hasta cinco caballerías en usufructo, a quienes desean trabajarla, fuerza que en la provincia de Guantánamo agrupa a 11 mil 410 beneficiarios, que forman parte del ejército de 26 mil 265 campesinos, los cuales están asociados a los diferentes tipos de cooperativas, que ahora disponen de personalidad jurídica y mayor autonomía en su gestión.
Además de la tierra, el Estado les garantiza, aunque no en la cantidad que desearía, medios y recursos para trabajar, como sistemas de riego, y equipos de fumigación, semillas, fertilizantes, productos químicos, mangueras, entre otros, a quienes, fundamentalmente, se dedican al cultivo de renglones sustitutos de importaciones de alimentos, los que contribuyen a hacer un uso más eficiente de sus áreas y elevar los rendimientos.
Pero los beneficios van más allá. Los campesinos, incluidos los nuevos usufructuarios, hoy tienen acceso a proyectos de colaboración para obtener tecnología moderna, a créditos bancarios, derecho a Seguridad Social, a construir sus viviendas en calidad de bienhechurías, así como vincularse a Granjas Estatales (GE) con personalidad jurídica, Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA) y Cooperativas de Créditos y Servicios (CCS).
Eso significa que, contrato mediante, pueden adquirir insumos agropecuarios, recibir servicios y comercializar sus producciones, a través de esas estructuras, lo que permite una mayor socialización de las tierras y de quienes las trabajan.
El proceso de renovación y/o ratificación de mandato, que inició en Guantánamo a finales de febrero a nivel de cooperativa y terminó el pasado día 14 con la asamblea provincial, contribuyó a perfeccionar el funcionamiento de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, a todos los niveles, con el fin de incrementar la producción.
Como resultado de él, se fortalecieron las juntas directivas de las 190 CCS y 69 CPA de la provincia, con los campesinos más capaces elegidos entre los propios socios, las cuales, en lo adelante, tienen la responsabilidad de reunirse sistemáticamente con los asociados para discutir los asuntos más importantes que les atañen y organizar la contratación y comercialización, para que el destino final de las producciones sea el correcto.
Cuando queda mucho por andar, hay suficientes razones para reconocer la loable labor de los campesinos de esta tierra, donde nacieron Lino de la Mercedes Álvarez y Niceto Pérez García, los más altos exponentes de las luchas de esos labriegos en Cuba, quienes hoy están en mejores condiciones de dar el salto hacia la eficiencia que necesita la economía del país.

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Acerca de juliocuba

Periodista, amante de su Patria
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