La sencillez engrandece a Sayú

Merecedor de La Fama, símbolo de la ciudad de Guantánamo, dice que su mayor orgullo es haber sido escolta personal del Che en el Congo
Por Julio César Cuba Labaut
Foto: Leonel Escalona Furones


Nicolás Sayú Savón es un hombre que merece más, sin embargo no lo demuestra. Su humildad y sencillez muchas veces ocultan la grandeza que hay en él, pero no la opacan. Y, por lo visto, disfruta ser así.
¿Mi mayor orgullo? Además de ser cubano, entregarlo todo por la Revolución, sentirla y vivirla intensamente durante más de medio siglo y conocer bien de cerca al Che, el inolvidable Guerrillero Heroico.
Eso dijo cuando lo visitamos en su modesto apartamento en el reparto Rubén López Sabariego, donde vive, junto a su esposa, hace más de 30 años, para entrevistarlo a propósito del aniversario 145 de entregársele el título de Villa a Guantánamo, por ser uno de los guantanameros que ostentan La Fama, símbolo de la ciudad.
Jubilado, con 72 años de edad, cuenta que nació en Boquerón de Yateras, intrincado paraje de la geografía del extremo más oriental de la Isla, exactamente en el barrio de Beltrán, en el seno de una familia campesina humilde.
“No pude ir a la escuela porque como era el mayor de los hijos, desde pequeño tuve que dedicarme a trabajar para ayudar a mi mamá en la crianza de 10 hermanos más, pues mi padre murió cuando yo aún no tenía consciencia.
“Tenía que hacer ajustes con dueños de fincas para recoger café y desyerbar por unos pocos centavos. Entonces la vida era duro, los niños no teníamos las oportunidades de ahora, para estudiar había que pagar y el dinero no alcanzaba ni para comer.
“Cuando triunfó la Revolución, ya estaba espigado, tenía 16 años. Algo me decía que diera el paso al frente cuando me invitaron a incorporarme junto a otros amigos del barrio a lucha contra bandidos. No lo pensé mucho, me di cuenta que era necesario para acabar con los residuos de aquel sistema de oprobio, miseria y explotación.
“Al mando del entonces capital Francisco González (Pancho), actualmente General de Brigada y formando parte de la columna 33, con sede en Virginia y que operaba en la zona de Yateras bajo, peinamos Yambeque, Arroyo Blanco, Sagua, Moa… detrás de Félix Ramos y otros esbirros al servicio de la dictadura de Fulgencio Batista.
“Por ordenes del propio Pancho, hice un alto en esa tarea para cursar la escuela de la milicia en Moa, pero al terminar seguimos en ella. Más tarde él mismo nos mandó a pasar la de artillería en Dos Caminos de San Luis, Santiago de Cuba.
“De allí salí con el grado de teniente y cuando estaba a punto de licenciarme del ejército por decisión del alto mando fui propuesto en el año 1965 para cumplir una misión secreta en el Congo Leopoldville, hoy República Democrática del Congo.
Entonces comenzó otro de los momentos que llenan de orgullo la vida de Sayús: luchar junto a Ernesto Che Guevara en ese país y ser uno de sus escoltas. La oportunidad de estar por un tiempo al lado de un hombre de esa estirpe no la tiene todo el mundo.
“Para ese país fuimos fingiendo ser músicos, luego de un riguroso entrenamiento en Pinar del Río y Santiago de Cuba para actuar en una guerra de guerrillas. Nadie sabía que cumpliríamos una misión fuera del país ni que sería bajo el mando del Che”.
“De él aprendí lo mejor: su alto sentido de la responsabilidad, buen jefe, con liderazgo natural, con profundos sentimientos humanitarios, preocupado por las condiciones de su gente, muy justo, compartía lo que había entre todos de lo contrario no comía, sacrificado, estudioso y siempre con su fusil en ristre.
Con sentimiento contó anécdotas de la estancia en la nación africana, reveladoras de las complejas y peligrosas circunstancias que tuvieron que enfrentar como escolta personal del Guerrillero heroico junto a Carlos Coello, Tuma, y Harry Villegas, Pombo.
“El Che era excepcional, difícilmente haya otro hombre como él, capaz de dar la vida por cualquiera de sus compañeros de fila, por eso cualquiera de nosotros también estaría dispuesto a morir por él”.
Tras regresar a Cuba, Sayús sabía que la recién cumplida misión podía ser la más peligrosa pero no la última. “Luego de recibir preparación en La Habana, porque prácticamente éramos analfabetos, me incorporé como jefe de un batallón a la brigada invasora Ernesto Che Guevara, para desbrozar tierra y cultivar de arroz en Granma, fundamentalmente.
“Seguidamente participé en los cortes de caña de la zafra del 70. Cuando estaba terminando hacían falta choferes de camiones para el tiro de la gramínea y como tenía licencia, me sumé a tarea de choque”.
Desde entonces ese fue su oficio hasta la jubilación. Trabajó en la Empresa provincial de Ómnibus y luego pasó a manejar la guagua de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en la provincia donde permaneció los últimos 11 años.
Tan larga y fecunda trayectoria avala la entrega de La Fama al ilustre hijo de esta tierra en la sesión solemne de la Asamblea municipal del Poder Popular, por el aniversario 144 del otorgamiento del título de villa a la ciudad esta población de Guantánamo.
“Fue un privilegio recibir el alto galardón, que por vez primera se otorgó al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y lo ostentan además los Cinco Héroes, se le entregó a Fernando y René González en visitas al municipio, y el Comandante del Ejército Rebelde Julio Camacho Aguilera, entre otras personalidades”, comenta finalmente.
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Acerca de juliocuba

Periodista, amante de su Patria
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